Azul

Azul
Escribiendo

martes, 11 de diciembre de 2007


Nadie por aquí, nadie por allá, será porque todos ocupados están. JaJa

Bueno che, que no decaiga!

Éxitos!!

:) Ann

miércoles, 3 de octubre de 2007

El gran mundo

Irme y quedarme
y a instalarme
naufragar
y al naufragar
partirme

Mientras el desfile de peces encerrados
presenta us herrumbadas y comprimidas
agallas atrapadas en anzuelos
que se vencen
ante las ciénagas conectadas
a redes de espionaje
que no respiran
ni dejan respirar

Y los restos se reducen
a aletas y colas
que se retuercen
a la temple injustificada de la mar

Cuchillas marchan
despues de largos anocheceres
renaciendo con rojos y triturados amaneceres

El paraíso
solo es un jardín terrenal
fuera del alcance
de las branquias acuáticas

Y la sal comenta
que allí tambien
se descargo el humo en los pulmones

Coloradas se encendieron las mejillas
como cigarrillo aspirado
con fuerza atropellada y sedienta

Cabezas relajadas
no brotaron chispas
menos luz
y la quietud furiosa atrapa el viaje

Satisfechas las redes
flotan sin ya
ese ardor que empuja
sino
con fina camaradería delfinezca

Las anguílas
serpientes ordinarias eranse ahora
y el sol brilló para ellas
sin la esperanza que antes.

"Esos años felices"

La tierra tibia aún guarda los últimos secretos
Vicente Huidobro
Melódica añoranza
oruga que se escapa de su metamorfosis
qudandose oruga
(gusana sin vuelo)
Labios alzados en muda sinfonía
quebranto tácito explicitando
lenguas cocidas manos sindáctiles
místico y exótico dictámen
llaga prometedora de invalidar
partículas renegadas y recodos naufragables
perverso resquisio que delata
inacceso al secado rápido
(refuta tormenta)
parámetros moldeables nunca invisibles
pantalla multicolor expansiva
vacas en blanco y negro triúnfo del pie/mano
Ostentosa posición y oposición
Óptimo estado para actuar
martillazo a favor de la lujuriosa tergiversación
lúgubre laberinto
acontecido por la invícta jauría verde
horas premeditables
minutos pernoctables
segundos caprichosos y conformables
Santificacion pura del suministro de perversión
alabanzas vanas
libro primogénito inútil
rescate permeable
inversión invalidada
llovizna de derrota...
mosquito posado en la estancada laguna
fermentando caldo atroz
dispuesto a estallar salpicando
salpicandonos.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Alejandra Pizarnik


Aunque sea unos días depués


Estos porque me gustan y es bueno releerlos, siempre diciendo algo nuevo


FRONTERAS INÚTILES

un lugar

no digo un espacio

hablo de

qué

hablo de lo que no es

hablo de lo que conozcono el tiempo

sólo todos los instantes

no el amor

no


no

un lugar de ausenciaun hilo de miserable unión.


COLD IN HAND BLUES

y qué es lo que vas a decir

voy a decir solamente algo

y qué es lo que vas a hacer

voy a ocultarme en el lenguaje

y por qué

tengo miedo

martes, 25 de septiembre de 2007

primavera mala

El Qariño y yo encontramos un aviso en unos diarios viejos. Los diarios son unos papeles en que los nativos escriben todo lo que les pasa, organizados más o menos por temas. Se vende -salió en avisos clasificados durante un mes- ajuar de novia sin usar.
Es asombroso todo lo que se vende en este planeta sin usar. El planeta, en sí, está muy usado.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Primaverosamientre

XLVI.

IAM uer egelidos refert tepores,
iam caeli furor aequinoctialis
iucundis Zephyri silescit aureis.
linquantur Phrygii, Catulle, campi
Nicaeaeque ager uber aestuosae:
ad claras Asiae uolemus urbes.
iam mens praetrepidans auet uagari,
iam laeti studio pedes uigescunt.
o dulces comitum ualete coetus,
longe quos simul a domo profectos
diuersae uarie uiae reportant.
C. V. Catullus

Ya la Primavera vuelve a traer los días suaves,
ya las borrascas del cielo equinoccial comienzan a aplacarse
ante las suaves brisas del Céfiro.
Abandonemos, Catulo, las llanuras frigias
y la fértil campiña de la abrasada Nicea;
volemos hacia las famosas ciudades de Asia.
Ya el espíritu, en alborozada impaciencia,
desea andar vagante, ya los pies, alegres por la manía de viajar
comienzan a recobrar vigor.
¡Oh mis amables compañeros de séquito, adiós!
Los que juntos partimos de nuestra lejana patria por caminos diferentes
y en diversas direcciones retornamos a ella.


La tradición-traducción-traición (sin agraviar) es de Víctor-José Herrero Llorente


Tenía ganas de publicar algo ya que todavía no lo había hecho y, atento al primaverismo imperante (con su correspondriente alergia), les dejo este carmen. De hecho, es lo más primaveroso que tenía a mano. Espero no quedar muy "sectarista" por ponerlo en latín, pero vieron lo que se dice de las traducciones... tal vez alguien se entretenga asustando a su familia al escandirlo o leerlo en voz alta. Felix estación pra tutti cuanti.
Sepan que, en general, prefiero el Otoño.

Un pequeño cuento, para ustedes...

DISFRACES

Voy rumbo a Welzen, mi pueblo natal, para visitar a mis padres. Desde hace ya casi cinco años vivo en Berlín, donde mis padres me creen felizmente casada con un médico.
Todo va en orden. La ropa de viaje y el equipaje de una señora. La alianza en mi mano izquierda, una foto de mi supuesta boda y una carta de mi supuesto marido constituyen pruebas de mi condición ante mis padres.
El tren se detiene en un pequeño pueblo llamado Stengal. Sólo un anciano aborda el tren. Ante la mirada despectiva de los demás pasajeros, el anciano comienza a buscar un lugar para sentarse. Vestido con harapos y con aspecto cansado, recorre con la mirada los asientos disponibles.
Son pocos los lugares ocupados. En el vagón sólo hay diez personas sentadas. Tres matrimonios judíos, que van juntos, a pocas hileras de mi lugar. Una pareja de ancianos con una niña pequeña se ubican en la fila siguiente a la mía, bien atrás.
Los tres matrimonios, que rondan los cincuenta años, lo miran con desaprobación y disgusto. El anciano retrocede y se sienta frente mío.
-Viejo sucio – murmura uno de los hombres.
-¿Cómo lo dejaron subir a este tren? – se pregunta la más obesa de las tres
señoras.
-Deberían enviarlo con el equipaje.
-Habrá robado dinero para comprar su boleto.
-¡Qué vergüenza! ¡Las cosas que pasan hoy en día! El mundo está cada vez peor.
El anciano levanta los ojos y me mira, quizás esperando recibir una mirada reprobatoria. Le sonrío. Sus ojos son pálidamente celestes. No es tan anciano como me pareció en un primer momento por su pesado andar. Debe rondar los sesenta años.
Conozco esa mirada. Es la del hombre rechazado, el hombre herido, el hombre abandonado. He visto miles de veces esa mirada: en ojos azules, en ojos marrones, en ojos verdes. Pero es siempre la misma mirada. Dolor. El dolor del desprecio.
Muchos de mis clientes llegan a mí con esa mirada. Hombres despreciados que desean ser amados. Al menos, desean por un instante imaginar que son amados. Y me presto a ese juego.
No hay manera en que esa mirada se transforme en deseo, como ocurre con las miradas de quienes ya me frecuentan. Este hombre no me conoce, no hay forma de que requiera mis servicios. No, su mirada no está cambiando. Pero comienzo a sentir ese dolor que siente él. El dolor del desposeído. Lo he sentido tantas veces yo misma. Pero nunca con tanta intensidad. Siento que él me transmite ese dolor.
El anciano ha cerrado sus ojos. Duerme apoyado en la ventana. Yo custodio su sueño mientras oigo las risotadas de sus burladores, quienes seguramente siguen mofándose del pobre anciano.
Presto atención a sus comentarios. Viajan desde otro pueblo a Wittenberge, para celebrar una fiesta judía. Se entusiasman por la llegada de un tal rabino Avram.
Entretanto pienso en pedirle al anciano que me acompañe a casa y se haga pasar por mi marido. Al menos le pagaré unos marcos que podrán ayudarle en sus desventuras.
El tren llega a Wittenberge, donde deben bajarse los judíos. El anciano se despierta y se levanta de un salto. Se bajará en esta estación.
- Buen señor – le digo, pero no me oye. Ya está bajando del tren. – Buen señor – repito, siguiéndolo para hablarle.
Un grupo de gente de la estación se abalanza sobre él.
-¡Rabino Avram! ¡Bienvenido a nuestro pueblo!
-Gracias, gracias, queridos míos – dice él.
La señora obesa abre sus ojos desorbitadamente. Codea a su marido. El resto del
grupo, tomando su equipaje apresuradamente, corre tras él.
-Rabino Avram, disculpe que no lo reconocimos.
-Perdónenos por no haberlo invitado a unirse a nosotros.
-Vinimos hasta aquí para conocerle en persona.
-Por favor, disculpe si hemos hecho algún comentario ofensivo hacia su persona.
-Sí, por favor, perdónenos.
El anciano levanta su voz y todos callan. Con una sonrisa seria les dice:
- Está bien, queridos míos, yo los perdono. Olvidaré la falta pero no olviden ustedes
que el Señor no mira la apariencia, sino el corazón; y hagan ustedes lo mismo.
El tren comienza a moverse y yo me quedo sobre él, rumbo a mi pueblo. Vuelvo a sentarme en mi lugar. ¿Todo está en orden? Mi ropa de viaje y mi equipaje de señora. La alianza en mi mano izquierda, la foto de mi supuesta boda y la carta de mi supuesto marido. Pero ¿mi corazón? Mi corazón se queda en la estación de ese pequeño pueblo.

Patricia Fernández
Estudiante de Letras